INTERNET: ¿POTENCIARÁ EL DESARROLLO COMUNITARIO?

Por Carlos Obando Arroyave
“Nunca se había desarrollado tanto la tecnología de la comunicación; pero este mundo comunicadísimo se parece cada vez más a un reino de mudos...Nunca tantos han sido tan incomunicados por tan pocos.”
Eduardo Galeano, en “Sobre los Medios de la Incomunicación”
El clic del asunto
La comunicación ha sido clave en el desarrollo de las culturas y de las relaciones entre los hombres y las sociedades. Pero es quizás el último siglo el que de una manera más contundente ha experimentado grandes cambios. Cambios que vienen siendo impulsados por la aparición de las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC[1]). Con estas tecnologías ocurre lo mismo que con las anteriores no tan nuevas: no son más que un medio de comunicación, es decir, un instrumento para difundir información de emisores a receptores. Lo que si es nuevo es que esta forma de comunicarse aparece generada por la convergencia de las telecomunicaciones, la informática y la industria de contenidos en una sola plataforma tecnológica que permite que las experiencias comunicacionales alcancen una difusión y una multiplicación en la sociedad globalizada, gracias a los sistemas de transmisión como los satélites o la fibra óptica, pero sobre todo, a la posibilidad de transmitir mensajes digitales de todo tipo (textos, imágenes, sonidos, videos) por la Red. En resumen hoy es posible (y esto no había sucedido antes) que la comunicación personal o local conquiste espacios globales y que las experiencias de comunicación de pequeñas comunidades se mundialicen.
Con la llegada y expansión de estas nuevas tecnologías de la información y la comunicación nuevos retos nos obligan a repensar las experiencias comunitarias, pues se abren también nuevas posibilidades para la mejora de la competencia comunicativa del sujeto y se replantean las relaciones sociales. El ordenador, Internet, los ciberjuegos, los hipertextos; todo el conjunto de nudos y nexos de estas tecnologías han venido remplazando la visión lineal del conocimiento y de la realidad por una más compleja y presente en los ambientes de aprendizaje. La pantalla, pues, se vuelve el nuevo soporte por donde transmitimos el conocimiento y ella está presente como terminal cognitiva interpelándonos por un nuevo criterio de verdad y veracidad.
Pero no es sólo la educación formal la que se ve intervenida por las TIC, también la sociedad y las comunidades locales, en particular, experimentan cambios y nuevos escenarios reales y virtuales aparecen en la llamada “Sociedad de la Información Global”. Internet, por ejemplo, está jugando un rol muy importante en la evolución de la tecnología digital y desde ahora se hace necesario ver cómo esta Red puede ser adaptada para mejorar las condiciones de vida en entornos no institucionalizados como aquella que se da en barrios y comunidades. Tenemos, igualmente, como pedagogos, investigadores sociales, activistas, lideres comunitarios o simplemente como usuarios de estas tecnologías un gran reto y es el de mirar de qué manera podemos fortalecer los procesos asociativos y comunitarios y cómo podremos potenciar las relaciones de vecindad y el acceso a los grupos sociales más débiles o históricamente excluidos a partir del conocimiento, aprendizaje y empoderamiento de estas nuevas tecnologías. Es importante, pues, estar atento al impacto que estas tecnologías están teniendo en los diversos grupos sociales que ya las han implementado y evaluar por qué algunas comunidades aún no acceden a ellas. Preguntarnos por cuáles pueden ser los factores de exclusión que se pueden acentuar y que pueden estar contribuyendo a incrementar aquellos otros de carácter socioeconómico, como el desempleo, la salud, la educación y la participación en la toma de decisiones de los sectores público y privado que afectan la sociedad civil.
También es cierto que la naturaleza de estas tecnologías y sus enormes posibilidades están generando expectativas muy altas que hablan del mejoramiento de la vida de las comunidades y de la construcción de comunidades virtuales e interconectadas desde diferentes lugares del mundo. Sin embargo, el reto no es simple, se trata de mantener la autonomía local en un mundo cada vez más globalizado, lo que obliga a las pequeñas comunidades a tener la infraestructura tecnológica necesaria para moverse en esta nueva sociedad digital, pero igualmente al requisito de preparar el recurso humano que explore alternativas que no refuercen los grupos elitistas que tienen y controlan la información o que tienen el poder del saber tecnológico y lo utilizan como estrategia de exclusión. Los grupos sociales más desprotegidos reclaman en este nuevo escenario interconectado y globalizado espacios de participación y utilizan para ello no necesariamente el acceso individual (costoso por la infraestructura requerida y la formación y entrenamiento), sino también -y ésta es quizás la clave hoy en día- el acceso público en centros comunitarios, telecentros, cabinas públicas, infocentros, asociaciones de vecinos, casas de la cultura o bibliotecas públicas; lugares donde empieza a potenciarse la conectividad comunitaria.
Parto, pues, en este artículo de una reflexión inicial y de una premisa provocadora; la primera es que la tecnología en si misma no determina el cambio y el desarrollo comunitario, y que ésta es tan sólo una herramienta que podría facilitar el proceso de interacción, el bienestar social y el desarrollo educativo y cultural de los ciudadanos. La segunda es que las micro-comunidades deberán estar atentas a los peligros que se esconden detrás de la implementación de las TIC en nuestras sociedades, cuando aún no se resuelven los problemas reales de las comunidades y el uso de Internet podría estar siendo utilizado por las administraciones públicas, por los políticos de turno y por el sector privado (movido por el lucro de la conectividad y de la dependencia tecnológica) para desencadenar cierta euforia colectiva que olvide las viejas deudas de las desigualdades sociales producto de la injusticia social y la inequidad económica, política y cultural existente. En este sentido, vale la pena preguntarse por el papel que pueden jugar estas tecnologías y la manera cómo podrán trascender a un terreno más cualitativo, es decir, a aquél en el que la tecnología digital no sólo sea aceptada y usada, sino entendida. En resumen, preguntarnos: ¿Cómo pueden estas tecnologías y, sobre todo, Internet contribuir al desarrollo social y comunitario? Cómo pueden hacerlo desde una perspectiva democrática que reafirme los derechos ciudadanos a estar informados. Un "derecho a la comunicación" que englobe el empoderamiento y la reapropiación de las tecnologías de la información y la comunicación para el desarrollo social, cultural y humano.
Un doble clic
Las nuevas máquinas de información y en particular el computador, así como nuevos software y herramientas como la “webcam”, el “e-mail” o el “chat”, por ejemplo, se asocian cada vez más a mejores posibilidades de transmisión de la información sin tener en cuenta en muchos casos, las competencias comunicativas, las habilidades cognitivas y las estrategias pedagógicas que permitan su implementación. En muchos casos la finalidad de estas ideas se relacionan automáticamente con la aparición de nuevos medios tecnológicos que lo que hacen es incrementar la rapidez de la comunicación o ampliar los tipos o maneras de presentar la información. El efecto que tiene el uso de las TIC sobre el desarrollo social está en la mayoría de casos inflado y sobrestimado. Se habla de una sociedad civil interconectada, de aprendizajes beneficiosos, de democracias en línea; en fin, de múltiples beneficios que no consideran el impacto que la información no sistematizada, digerida y entendida tiene sobre las comunidades, como si la cantidad fuese equivalente a la calidad y los resultados de sus usos e impacto estuviese desprovisto de las interrelaciones sociales y comunitarias más cotidianas y tradicionales.
La Comisión de las Naciones Unidas sobre Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (UNCSTD), que terminó hace poco un estudio sobre los beneficios y riesgos de estas tecnologías, concluyó que: “hay muchas instancias en que el uso de las tecnologías de información y comunicación trae amplios beneficios sociales y económicos. Sin embargo, otras instancias no menos numerosas indican que éstas no redundan en cambios en la vida de la gente de los países en desarrollo y que incluso tienen efectos perniciosos” (Mansell y Wehn, 1998). Dicho de otra manera, la comunicación y las nuevas tecnologías no son factores externos a la sociedad misma, ni la van moldeando a su antojo, ni van por si solas determinando el futuro de la sociedad. Son más bien, parte integral de ésta y si se quiere están determinadas por los mismos procesos sociales. De ahí pues, y a partir de esta imbricación, es posible que se pueda entender los diversos intereses económicos que existen hoy por controlar y privatizar las tecnologías de la comunicación y sus áreas estratégicas (telefonía, radio, televisión) cuando ellas eran hasta hace poco del dominio público y consideradas un bien común universal.
Pero también es cierto que las TIC están siendo apropiadas y utilizadas por muchas organizaciones sociales y comunidades locales en todo el mundo y que ya se empieza a mirar el potencial que ellas pueden tener si se usan desde una perspectiva que permita intercambiar información y experiencias, articular redes educativas y académicas, acceder a datos y conocimientos puestos en la Red y difundir información alternativa y comunitaria que por los medios tradicionales (prensa, radio televisión) era y sigue siendo un imposible, con lo cual, y al mismo tiempo se construye un tejido comunicacional más abierto, participativo y realmente democrático. En efecto, Internet se presenta hoy como un elemento esencial en las prácticas sociales y en un instrumento de comunicación que podría favorecer el desarrollo, el bienestar social y el trabajo colaborativo. Internet crea sentidos nuevos, pues la migración a personas, culturas, símbolos, civilizaciones y gramáticas diferentes permite abrirse al mundo y hacia formas de proximidad nunca antes pensadas. Internet como nuevo media es claro que proporciona abundante información, que entretiene, que alimenta el ocio, pero también es cierto que crea hábitos de conducta y adicciones al influjo de la pantalla y lo que por ella circula. Sus estructuras narrativas fragmentarias, hipertextuales y complejas están dando paso a lo que Abraham Moles (1985) llamó la “sociedad mosaico”, y que se dio como respuesta a una época anterior, la de la televisión, que pretendía explicar el mundo a partir de puntos de vista unívocos, positivistas y totalizadores.
Mi propósito, con este texto, se resume en llamar la atención sobre los retos y desafíos que un “nuevo” escenario tecnológico le plantea a las relaciones sociales vividas en la vereda, en el barrio, en el municipio; en fin, en las pequeñas localidades donde empiezan a instalarse computadores conectados a Internet; experiencia que podría estar propiciando nuevos escenarios simbólicos, significativos e intersubjetivos en la comunidad. La conectividad, por ejemplo, tan publicitada hoy por los gobiernos que la ofrecen como la tabla de salvación a la histórica exclusión social o por las empresas del sector que la venden como la única opción de insertarse en un mundo globalizado y la anuncian con grandes cambios sociales a partir de su implementación, no puede ser un fin en sí mismo, debe ser una herramienta que ayude a construir soluciones reales para los problemas del ciudadano y alternativa real de participación des-jerarquizada y horizontal de la comunicación.
Pero para abordar el problema que se plantea sería necesario revisar el horizonte epistemológico sobre el que se ha construido el concepto de desarrollo comunitario y el de comunicación para el desarrollo o comunicación alternativa. No es esa la intención de este texto, y por ahora baste decir que este enfoque parte de la tesis de que cuando hablamos de desarrollo, estamos abarcando algo más que el poder adquisitivo de la sociedad y los individuos, una relación en la que entran en juego dos factores claves: el ser humano como individuo y su enorme capacidad de simbolización y el ser social y su capacidad para valorar, aprehender y comunicar (se).
Navegando por el desarrollo comunitario
Por otro lado, desde hace décadas se viene trabajando en lo que algunos han llamado medios de comunicación alternativos, comunicación popular o comunicación participativa o para el desarrollo. Se ha analizado con suficiencia, creo yo, el papel que cumple la prensa comunitaria, la radio local y el soporte video como herramientas comunicacionales y pedagógicas. Así, pues, que hoy con un nuevo medio como es Internet es posible que no digamos nada nuevo y que a lo mejor tan solo sea una herramienta más que nada transformará y quizás poco aporte al desarrollo comunitario y a lo que ya ha hecho la radio, la prensa local y el video. Sin embargo, estamos hablando de Internet una herramienta tecnológica que paradójicamente fue creada para la guerra[2], pero que se ha venido convirtiendo en un medio que desde su ecosistema informativo llamado WWW puesto al servicio del mundo globalizado, lo interconecta de manera rápida pudiendo acceder a millones de páginas y a servicios gratuitos de información, es decir, que ha aumentado de manera considerable la cantidad de información y conocimiento que hasta ahora teníamos, creando un sistema de dominio público del que podemos disponer desde cualquier lugar del mundo y a una velocidad en tiempo real que no teníamos. Esto ya lo hace diferente. Otra diferencia que vale la pena tener en cuenta a la hora de analizar el impacto del medio y sus posibles usos en el desarrollo comunitario es que Internet es un ecosistema basado en la tecnología digital, esto es que toda su información se convierte a un sistema numérico binario que permite el empaquetamiento de toda clase de contenidos sin importar su procedencia; sonidos, imágenes, textos, videos y datos constituyen un nuevo lenguaje hipermedial en el que como novedad respecto a otros media es que siendo una Red que transmite todos estos lenguajes básicos no tiene centros de control, ni sistemas jerarquizados de producción y transmisión de mensajes lo que permite y potencia una comunicación horizontal, abierta, flexible y sobre todo global. El concepto, pues, que alimenta este medio no es otro que el del hipertexto y su valor cuantitativo (cantidad y flujo de información) como horizontalidad (interactividad y bidireccionalidad entre emisores y receptores) le está reconocido, lo que está aún por estudiar es el valor cualitativo de esta información y la utilidad de esa arquitectura artificial que está consiguiendo que Internet se convierta en un auténtica Red de cerebros en permanente ebullición:
“La coexistencia pacífica de varios intereses y culturas tomó la forma de la World Wide Web (WWW), una red flexible de redes dentro de Internet donde las instituciones, las empresas, las asociaciones, y los individuos crean sus propios ‘lugares’ y, en virtud de ellos, cualquiera con acceso puede producir su ‘página particular’, compuesta por una mezcla variable de texto e imágenes (Castells, 1996, p.387)
La herramienta o el medio como tal posee, pues, características novedosas, lo que se necesita es que la producción y puesta en circulación de contenidos provenientes de los grandes centros de poder político y económico y que estaría dejando por fuera de este ecosistema a la mayor parte del mundo en vías de desarrollo o subdesarrollado logre un contrapeso de información y contendidos producidos en los países del tercer mundo. Y éste es justamente el papel que pueden cumplir las comunidades: nutrir de contenidos una Red que está siendo colonizada por las grandes industrias del entretenimiento que buscan por esta vía continuar su proyecto de expansión mediática que habían iniciado y consolidado con el cine y la televisión satelital fundamentalmente.
Para sacar provecho de las oportunidades que el nuevo medio nos entrega es necesario fortalecer la generación de nuevos conocimientos y promover acciones consensuadas entre gobiernos, empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil que permitan aprovechar el potencial de las TIC para el desarrollo de las regiones y las localidades. Cabe preguntarse, ¿de qué les sirve Internet a las comunidades?, ¿para qué lo pueden usar? Igualmente, cabe revisar la manera cómo se incentiva la participación ciudadana y la interculturalidad a partir del uso de las TIC para expresar puntos de vista, organizar acciones del colectivo, decidir movilizaciones y contraponer argumentos al marco de acción de las administraciones locales o estatales que van en contra de la democracia participativa y de las comunidades. Pues es claro, que Internet como territorio para la acción y la participación está planteando nuevos modelos de discusión política y de construcción de discursos de forma conjunta a pesar de su deriva mercantil, pues en la Red hay un filón importante para el activismo cooperativo y una manera real de canalizar el descontento social y de vehicular por la vía de los movimientos sociales la capacidad para la movilización y las formas de organización política en un mundo globalizado. Reitero, pues, en este orden de ideas, la necesidad de hacerse algunas preguntas que nos den pistas para el diseño de posibles estrategias pedagógicas y comunicacionales en este entorno que vengo planteando: ¿Podrá esta nueva tecnología modificar las experiencias personales de los sujetos? ¿Cuáles pueden ser los efectos de Internet en el tejido social de la comunidad? ¿Contribuirá a disminuir la incidencia de la discriminación digital?, o por el contrario la podría acentuar. ¿Cómo se podría potenciar la economía local a partir de las tecnologías de la información y la comunicación? ¿Cómo Internet puede ser utilizado para la resolución de problemas comunitarios? ¿Podrá pensarse en nuevas maneras de comunicarse sin tener que importar los criterios y las formas impuestas desde afuera? ¿Cómo establecer criterios que permitan la autonomía tecnológica local (software libre) y la participación activa de los sujetos de la comunidad en la construcción de los contenidos y saberes en la Red? ¿Cómo la tecnología puede promover el desarrollo y la promoción de la cultura local? Y, ¿cómo el uso de Internet potencia la calidad de vida del ciudadano?
Es cierto que estas preguntas lo que esconden son retos aún mayores y complejos como es el de potenciar y dinamizar el acceso a las TIC de las personas, basados en la conectividad comunitaria, como mecanismo para reducir la exclusión social generada por las dificultades y los costos del acceso individual. Y una pregunta de fondo que quizás las contenga a todas las anteriores: ¿Qué pasa cuando ponemos en una comunidad unas nuevas herramientas comunicacionales y unas tecnologías pensadas y diseñadas en los grandes centros urbanos?
Propuestas para el uso comunitario de Internet
Finalmente, a partir de una investigación de campo realizada en el marco de un estudio desarrollado en la Cátedra UNESCO y la Fundación Blanquerna en Barcelona, España, y que busca mirar el papel que cumplen las TIC como un nuevo escenario para el desarrollo local de las comunidades, a partir de un estudio de caso de la comunidad del barrio el Raval de Barcelona[3], me aventuro a proponer algunas estrategias de uso social de las TIC e intento a su vez dar algunas pistas que respondan al titulo y pregunta central de este texto: Internet: ¿potenciará el desarrollo comunitario?
En principio hay que plantear que las políticas gubernamentales deberían estar diseñadas para promover el acceso equitativo a la Red, pero no siempre es así y las regulaciones e intereses cambian de país a país. Incluso, para ir más allá del simple acceso, puesto que éste por si solo no garantiza el desarrollo comunitario, hay que diseñar estrategias e implementar acciones que promuevan unos usos significativos y un empoderamiento eficaz de Internet. Para ello, es de vital importancia el rol que deben cumplir los agentes sociales (investigadores, trabajadores sociales, líderes comunitarios, educadores, mediadores sociales), centros educativos, organizaciones no gubernamentales y administraciones públicas locales y regionales que puedan desarrollar participativamente políticas en diversos escenarios. De no ser así, lo más seguro, como ya sucede en algunas experiencias, la globalización tecnológica y de mercado se apropiará de estas iniciativas y fortalecerá el uso de Internet para efectos distintos a los del desarrollo social y comunitario[4]. El medio estará en pocas manos y no contribuirá al desarrollo social, profundizando las injusticias sociales y económicas o acentuando la brecha o fractura digital entre quienes acceden a las tecnologías y quienes no pueden acceder a ellas o accediendo, no las manejan eficientemente.
En este sentido, a continuación, planteo tres fases para pensar que las TIC pueden convertirse en una herramienta clave del desarrollo local. Por supuesto, no son más que propuestas que quieren incentivar el debate y la reflexión y en ningún caso modelos exportables y rígidos que no consideren a cada comunidad en su contexto, o que no tengan en cuenta las necesidades particulares, las potencialidades y los alcances de cada escenario.
Las tres fases son las siguientes:
1. Un acceso equitativo a la tecnología, no sólo en los centros urbanos y ciudades, sino también en zonas lejanas de estos centros y comunidades marginadas facilitando el acceso gratuito, por ejemplo, en escuelas, centros comunitarios, casas de la cultura rurales y bibliotecas públicas que provean conectividad a Internet desde dichos centros, como mecanismo para contrarrestar el acceso individual tan publicitado y potenciado por el sector privado. Pero esto no es todo, puesto que la conectividad o el simple acceso no resuelve el problema, por el contrario la Red será útil en tanto la comunidad descubra que por esta vía o utilizando esta herramienta es posible resolver sus problemas cotidianos. Cuándo incorpore las tecnologías de la información a sus hábitos y costumbres y pueda discernir si usa o no la Red como mecanismo para la resolución de sus conflictos más inmediatos, es cuando se podrá hablar realmente de desarrollo social y comunitario. Cuándo logre la solución de los problemas y pueda ir más allá del simple uso de la tecnología, podrá entonces establecer una complicidad entre realidad y tecnología. El reto entonces, es más complejo de lo que parece: consiste en lograr una participación activa, comprometida y orientada al desarrollo de nuevas formas de pensar, de actuar y de interactuar haciendo uso de estos recursos tecnológicos, que cada vez logran mayor importancia en la sociedad y en la vida cotidiana y que, por otro lado, pueden servir para diseñar estrategias que le permitan al ser humano asumir de manera menos traumática los desafíos del nuevo milenio. Teniendo esta primera fase asimilada y entendida, será más fácil asumir la segunda fase del proceso: la del uso significativo del medio.
2. El uso significativo de la tecnología de acuerdo con las necesidades propias de cada comunidad y con modelos trabajados desde adentro y no impuestos externamente. Modelos locales que consideren la globalidad del discurso, la potencialidad del medio y la posibilidad de adquirir información a través de la Red susceptible de ser utilizada eficazmente por la comunidad. En este sentido, será necesario revisar las nuevas competencias y las nuevas posibilidades de aprender en la Red, lo que exigirá otras formas de alfabetización y nuevos comportamientos que en esencia vinculen a los individuos con los nuevos relatos hipermediales. Estoy hablando de la alfabetización digital, que como dice Paul Gilster (1997), es la capacidad para comprender y utilizar información en formatos múltiples a partir de una amplia gama de fuentes cuando se presenta por medio de computadores; en este sentido los ciudadanos deben incorporar y desarrollar sus conocimientos y capacidad de razonamiento crítico desde una ‘alfabetización tecnológica’ que consiste en aprender a utilizar los nuevos medios para acceder a la información; una ‘alfabetización informacional’ que va un poco más allá y ésta es la capacidad de recopilar, organizar y evaluar la información para usarla eficazmente y obtener resultados válidos; una ‘alfabetización mediática’, cada vez mayor para crear, producir y distribuir contenidos para audiencias de todos los tamaños, es decir la capacidad de producir y gestionar contenidos propios que puedan rescatar sentidos y significaciones que expresen las particularidades de las localidades y sean puestas en circulación en la red global para el intercambio y retro-aprendizaje; una ‘alfabetización global’ que consiste en comprender la interdependencia entre las personas y los países y tener la capacidad de interactuar y colaborar a través de las diversas culturas, pensamientos y experiencias; y finalmente una ‘alfabetización responsable’ para examinar las consecuencias sociales de los medios de comunicación desde la seguridad, la privacidad, la construcción y emisión de contenidos y la educación para la democracia. Entendiendo el valor de esta nueva alfabetización podremos entonces darle un uso significativo a este nuevo medio en el desarrollo de las comunidades, y de esta manera emprender -no necesariamente de manera lineal, sino quizás de forma simultánea- el empoderamiento eficaz de las herramientas de Internet para el uso social.
3. Un empoderamiento eficaz de las herramientas de Internet que requiere de instrumentos y estrategias consensuadas que validen lo global y lo utilicen en beneficio de lo local. Que rescate la identidad propia de la comunidad, en un sistema dinámico en el que se valore la diferencia y la especificidad de cada grupo social, de sus sueños, necesidades y potencialidades:
“Tenemos que contrabalancear lo global con lo tribal. Lo global (el idioma único de la mercancía) no anula a lo tribal. Se trata de dos atractores –condición mínima de existencia de los sistemas dinámicos-. Lo que todas las comunidades del mundo tenemos en común es nuestra identidad, nuestra diferencia, nuestra especificidad. El mercado global debe convivir con las identidades locales. (Piscitelli, 2002, p. 217)
El empoderamiento pasa, pues, por lograr articular lo foráneo en beneficio de lo propio y en rescatar el valor de lo propio en un escenario cada vez más globalizado, y que demanda por tanto actores sociales que interactúen y participen activamente en la construcción de su entorno. Los ciudadanos de hoy viven entre la necesidad de identificarse con los referentes de su lugar y la incesante y atropellada carrera de los símbolos y referentes de la globalización, por lo que cualquier diseño o estrategia de comunicación deberá tener en cuenta estas dos realidades. Es necesario que esa participación activa, como ya dijimos, interpele los escenarios locales sin desconocer lo global. Por tanto, es un error pensar que se logra el desarrollo de las comunidades locales con sólo estar a la altura de la competencia tecnológica. Con dotar de equipamientos e infraestructura los canales locales de televisión, las radios comunitarias, la creación de redes de comunicación y la adecuación de espacios físicos y de bienes tangibles. Es necesario, en este sentido, pensar y desarrollar simultáneamente a esto, una estrategia y puesta en práctica de una cultura audiovisual y de la cultura en lo audiovisual, que debería iniciarse desde las mismas escuelas y la formación básica escolar, para luego trascender los límites de la educación tradicional y alcanzar todas los ámbitos comunitarios. Esto indudablemente re-plantea en el horizonte de lo educativo y lo cultural el sentido de lo pedagógico, pues ahora, será necesario pensar en nuevas didácticas y diseño de contenidos que contemplen estos espacios de convivencia, conectándolos a esferas por fuera de lo formal y, más aún, promover relaciones intersectoriales al interior del gobierno, entre ministerios de educación, trabajo, salud, agricultura, secretaria de la mujer, de la juventud, de la tercera edad, y otros; así como articulaciones entre las instancias centralizadas y descentralizadas (ámbitos Provinciales, de Estados o de Municipios) y con las organizaciones de la sociedad civil, como ONGs, universidades, sindicatos, movimientos sociales y asociaciones vecinales, cooperativas y formas de asociación formales y no formales de la ciudadanía. Empoderamiento, finalmente, no habla solamente de educación tecnológica, abordada ya en la fase anterior, sino básicamente de construcción de redes ciudadanas, de articulación de saberes comunitarios, de olvidarse del trabajo solitario y desarticulado en el que se mueven las diversas instancias públicas y privadas y donde se toman las decisiones que finalmente se implementan sin tener en cuenta el grado de afectación o de impacto de las comunidades que las padecen. Hablo de una Red que posibilite resolver las necesidades concretas de las comunidades, desde la calidad de la educación y el bienestar social hasta las estrategias para producir y comercializar bienes y servicios, exigir mejoras en la gobernabilidad de sus políticos, en el cumplimiento de sus programas de gobierno y en la rendición de cuentas, que permitan construir agendas que aboguen por el respeto a lo local y a las minorías y por la equidad como valores que contribuyan a la transformación social y al fortalecimiento del derecho a la educación y a la información y comunicación comunitaria.
BIBLIOGRAFÍA
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PAUL GILSTER. Alfabetización Informacional. Disponible en línea: www.elearningeuropa.info/doc, (consultado en marzo de 2004)
Unesco, world educational report 2000. (2000). The right to education (Paris UNESCO) (perspectivas de educación en América Latina). Extraído el 16 de julio de 2004 de http://www.unesco.clNOTAS
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