HE LEIDO, HE OÍDO, HE VISTO

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Por Lucaso 

 

El diario latir de la información, el mundo en pequeñas cápsulas. Lo que vemos, lo que oímos, contado en Contravía. Eso es devaneos cotidianos

Lo he leído, lo he oído y lo he visto. Y hasta lo he husmeado en los blogs (los nuevos escenarios de la información) La fiebre latina se apodera del Primer Mundo. Ya son más de 30 millones de latinos que viven en Estados Unidos. Hablan español, poco o ningún inglés y cada vez más spanglish. Y en Europa, igual. En los siglos pasados los españoles emigraron a lo que llamaron el nuevo continente. Ahora la moneda se cambia y son los latinos los que llegan a Europa y las cifras hablan de un incremento de un 296% en los últimos diez años. No voy hablar de las razones por las que pisamos el Primer Mundo, todos las sabemos. Lo cierto es que los latinos se toman el mundo. Lo hacen en las calles, en los bares, en los metros, en las disco. Lo hacen con sus músicas, sus grafitis, sus literaturas, sus bailes, sus gastronomías, sus violencias y, cómo no, también con sus cines. Y qué es eso tan solicitado y vuelto merchandaising etiquetado como “lo latino”. Por qué esa búsqueda frenética de ese ingrediente que hace lo latino tan apetecible. ¿Qué encuentra el Primer Mundo en lo latino?. Quizás el exotismo, quizás la mezcla de culturas, la hibridación racial, el encuentro de múltiples corrientes: blanco europeo, indio autóctono, negro africano, anglosajón. 

 

¡Ah!, ya lo pille; desde 1998, el mercado latino cuenta con más de 500 millones de consumidores, cifra que crecerá a 680 en 2025. El crecimiento del mercado está produciendo un cambio en el panorama demográfico y económico de estos países del Norte. La Comisión Europea, asegura que los inmigrantes son necesarios para afrontar el declive demográfico del continente y para cubrir más de millón y medio de empleos. ¡Y sólo eso! No, no lo creo. La ecuación es simple: “lo latino” no es más que otra moda inventada en los despachos de la sociedad neoliberal del consumo. “Lo latino” se manifiesta hoy como prósperos negocios mediáticos. Se movilizan altas inversiones económicas en la industria del entretenimiento. La euforia apenas empieza, y ya es claro el malabarismo brasileño en el Bernabeu o en el Camp Nou, o el crecimiento de filmaciones entre Argentina, México y España, o la explosión de nuevos cantantes y ‘dudosos’ ritmos musicales: el reguetón. Y qué hacer ante tanta avalancha. Pues a rebelarse. Rebelarse vende, el exotismo vende: Chayane canta, Pepsi paga. El cuarto de hora está echado. A vender lo que tenemos: Juanes, Skakiras, Darines, Alterios, Verbekes, Cotis, Orischas, Ronaldiños, Sorines, Saviolas, Pasiones de Gavilanes. El negocio de la contracultura, es un bueno negocio. A Coca Cola siempre le ha fascinado el exotismo. Y América Latina cayó en la trampa: no produce, consume. ¿No me lo creen? Vamos a ver: dónde se produce tal fenómeno: en Nueva York las artes plásticas, en Miami la música y el videoclip, en Barcelona el videoart, en Los Angeles el cine, en Paris, New York, Barcelona y Londres la literatura. Lo demás son pequeños intentos: buenas peliculitas locales que ganan premios de segunda; novelitas de segunda, vendidas como de primera; futbolistas de segunda que se quedan, porque los de primera ganan en euros y conducen su Ferrari por la Gran Vía o les Champs Elysée; o buenos cantantes que no se conocen más allá de sus fronteras, solo porque no beben Pepsi o no usan Nike.

 

Y de esto, es de lo que hablaremos en Devaneos. Hablaremos de lo latino. Pero sobre todo hablaremos de lo cotidiano. De lo hecho en Latinoamérica, ¿o será en Iberoamérica?, o ¿en Hispanoamérica? Ahora me he liado y cuál es la diferencia, porque es claro que lo latinoamericano ya no se hace en Latinoamérica. Que Iberoamérica no es Latinoamérica (o dónde queda España y Portugal) y que lo hispanoamericano tan solo se reduce a quiénes hablamos el español (y entonces dónde queda Brasil).  En fin, lo dicho, haremos una columna a punto de sugerencias, dudas (y como dijo C.J. Cela, "cachondeos, escarceos y otros meneos"). Una columna que nos hable de los equívocos, las tergiversaciones y las mentiras que nos rodean a diario (como esa de que los documentales de la National Geographic sobre animales son científicos y no ideológicos) En resumen andar en Contravía frente a lo que hoy se nos impone y se considera cierto. Vivir en Contravía. Navegar a Contravía para contar lo que nos cuentan, pero por otra vía, y repito, en Contravía. No sé si me explico.

 

Para empezar: los países latinoamericanos en vez de ir mendigando a Washington y a la Unión Europea que eliminen sus perversos subsidios agrícolas y demás barreras comerciales que impiden a muchos países latinos exportar sus productos, deberían empaquetar y etiquetar (literalmente) todos sus campesinos y obreros y ponerlos en el mercado de las multinacionales que nos venden todo “lo latino”

Y una pregunta: Por qué el director de cine húngaro Peter Gothar, está explorando las tierras de Macondo para realizar su versión cinematográfica de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez. ¿Porqué no hay historias “exóticas” en Hungría o porque ningún cineasta latino ha sido tan latino como para rodar una historia tan latina como ésta?

Y de lo latino, ¿usted que opina?

22/07/2006 23:19 Autor: CARLOSO. leer completo. Tema: DEVANEOS COTIDIANOS.

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