COLOMBIA Y SUS REGIONES; Las imágenes de un país*

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Colombia es un país de regiones. Regiones con culturas y poblaciones diversas. Su variedad climatológica y su sistema geográfico con altas montañas, valles y llanuras, selvas trópicales, mares y desiertos han sido determinantes en la construcción de sus imaginarios y sus tradiciones. El cundi-boyacence, el paisa, el costeño, el santandereano, el tolimense, el nariñense, el llanero o el vallecaucano son las tipologías humanas de regiones habitadas por mestizos, negros, indígenas y blancos. Sus maneras de ser y de vivir también son diferentes. El cundi-boyacence suele ser formal y reservado. El paisa comerciante, aventurero, regionalista; el costeño (y aquí hay que diferenciar la costa caribe de la pacífica) es eufórico, fiestero, conversador y generoso. El santanderano es franco, altivo y laborioso; el tolimense hospitalario y trabajador; el nariñense de profundas raíces indígenas es temperamental, valeroso, y religioso; el llanero es rebelde, tradicional; el vallecaucano con fuerte predominio de la raza negra es progresista y posa de excelente bailarín. Pero todo esto pueden ser solo los tópicos de un país que desde sus orígenes ha construido sus propias historias y relatado sus hazañas.

Y las historias y hazañas de estas regiones colombianas no han escapado del cine. Los cineastas colombianos se han volcado sobre estas realidades que los ha impactado de manera profunda, y a pesar de las muchas explicaciones sociológicas, filosóficas, políticas o históricas que existen, es a través del cine -por esa particular desinhibición de tratar la realidad que utiliza la ficción- cómo quizás podamos explicar las múltiples maneras de ser colombiano. En efecto, de una época saltamos a otra, de una región a otra, las imágenes cinematográficas nos dan cuenta de las maneras de vivir y entender el país en cada esquina o rincón de su geografía.

 

Los cineastas nos sorprenden con relatos y de seguro nos dan mayores certezas de los sucesos históricos y políticos ocurridos antes y después del 9 de abril de 1948 y de la muerte del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, contados por Jaime Osorio en la bella película “Confesión a Laura” un retrato de la Bogotá del 48, preámbulo a la hecatombe que significó el asesinato de un líder popular y demócrata como fue el líder Gaitán,  genialmente interpretada por Gustavo Londoño y la emblemática actriz colombiana Vicky Hernández. O también como no mencionar al cineasta Pacho Norden en “Cóndores no entierran todos los días”. Un fiel retrato de aquella época de nuestra historia conocida como “la violencia”. Una película basada en la novela del escritor vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazabal que recrea la historia de los "pájaros y los "chulavitas", temibles asesinos a sueldo utilizados por los gobiernos conservadores en esa persecución a los liberales, campesinos y lideres, contradictores ideologicos en las poblaciones del Valle del Cauca,

 

Otra historia de esta región es“Carne de tu carne” de Carlos Mayolo, un cineasta caleño quien nos sumerge en una historia gótica de amor entre un adolescente y su media-hermana durante la dictadura militar de los años 50. También la Cali, poética y alucinada, de los setenta, la ciudad del ensimismamiento y del descubrimiento de las drogas blandas como la marihuana y los hongos es retratada por Oscar Campo en “El Proyecto del diablo”. Una hermosa historia en tono de documental que nos hace transitar por esa Cali de ensueño, de talento, de magia, de locura desenfrenada, pero repleta de poesía; la Cali que también nos dejo escrita Andrés Caicedo, ese niño-hombre que decidió no seguir viviendo a los 25 años y que marcó con su obra y sus actos toda una generación de escritores y cineastas en la Colombia de los 70. Y decía que el Proyecto del diablo nos hace transitar por esa Cali de ensueño, pero nos aterriza en esa Cali del desenfreno, de la violencia como mecanismo de sobrevivencia, del dinero fácil y de la irrupción, como no, de los carteles de la droga de los que tanto se hablaría en los 80 y 90 en Colombia. Y Lisandro Duque, un cineasta que nos muestra como el amor de una pareja de adolescentes de Sevilla, Valle, sortea todo tipo de dificultades para viajar a Estados Unidos y vivir el sueño americano en su película “Visa Usa”

Pero la realidad colombiana es escalofriante, mágica y a veces cómica; por esto un cineasta bogotano como Felipe Aljure prefiere entregarnos una comedia negra que transcurre en la urbana Bogotá en donde nadie es malo pero todos actúan en su propio beneficio y sin medir si sus actos perjudican a otros: colombianos típicos y tópicos en tono de comedia y drama es “La gente de la universal”. En cambio, la bogotana Camila Loboguerrero prefiere revelarnos el valor de una mujer de comienzos de siglo veinte, abanderada de las ideas socialistas y convertida en líder y luchadora de la vida de los trabajadores en su reconocido largometraje “Maria Cano”.

Y del Caribe, aquella región donde el sol no se pone porque siempre está puesto, es el cine de autores como Ernesto Maclausand, un barranquillero, periodista reconocido, que reconstruye en su primer largometraje la típica historia de Baldomero Gómez un costeño que durante 23 años se disfrazó de Drácula en el Carnaval de Barranquilla. En 1998 comenzó a creerse el disfraz, dando lugar a un drama familiar y una tragedia en la vecindad. Esa es una de las vertientes de esta descripción de ambientes populares y pueblerinos sobre la cual se inscriben varias historias personales, con apuntes costumbristas, amores, conflictos y algún rasgo de emotividad.

Pero el más importante cineasta costeño es sin lugar a dudas Pacho Bottía; autor del corto El guacamaya y de la boda del acordeonista (1986), un largometraje en donde se habla de amor, de música y de la leyenda vallenata a través de figuras míticas que habitan un contexto perfectamente realista. Un cine de región que no ha alcanzado las cotas míticas que si ha logrado su literatura, rica en descripciones de una región tropical, de dioses negros, realidad desbordada y tradición oral.  Botia es un autor de la misma región de nuestro nobel García Márquez, que no sé  si lo saben, también hizo cine en una primera y última película en blanco y negro, surrealista; “la langosta azul”, que no fue más que un experimento de amigos, hecha con Álvaro Cepeda Samudio y el pintor Enrique Grau y que hace parte de la historia audiovisual caribeña.

Y como asegura la escritora Laura Restrepo, la violencia colombiana nos es fruto de las causalidades históricas. El mecanismo que la engendra parece ser más complejo. A la rampante corrupción, le acompaña un “delirio” desenfrenado de violencia, una inequidad e injusticia social histórica no resuelta en siglos y una ambiciosa lucha por el poder y la tierra. Reflexión que sirve para entender el cine llegado de Medellín en la lente de Víctor Gaviria, un cineasta empeñado en toda su filmografía en revelarnos los resortes que engendra y produce la violencia de la capital paisa. Aquí ya no hay surrealismo, ni realismo mágico como en el Caribe, tampoco la fría densidad bogotana y la indiferencia administrativa contrastada con el ingenio colombiano en la premiada cinta “La estrategia del caracol” del director Sergio Cabrera, o la corrupción endógena y casi patológica de la clase política y "mafiosuda" de la Bogotá centralista y moderna en su última película “Perder es cuestión de método”

En el cine paisa que es el cine de Víctor Gaviria, su realismo es descarnado; la violencia nacida y criada en las calles de barrios marginales de la ciudad sobre todo a partir de los 70 y de manera más contundente en los 80 son el bagraound de un cine en el que el autor deja sus tripas para desenmarañar esa historia medellinense de sicarios, traquetos y mafiosos, de madres permisivas y padres ausentes, de excesivo machismo y de mujeres más preocupadas por mantener y acentuar sus curvilíneas, que por reconocer el origen de ese dinero fácil, que les hace fácil la vida, pero que todo lo destruye y todo lo compra. Gaviria, testigo como ninguno de la devastación de su ciudad natal narra en Rodrigo D. No futuro, en la Vendedora de Rosas y en su última Sumas y restas, con desaforado lenguaje, la hecatombe de una generación de jóvenes que de victimas se convierten en victimarios y escupen balas rezadas, tiñendo de rojo a la Colombia de final de siglo veinte.

* Este fue el texto de la presentación del ciclo; "Colombia y su regiones; las imágenes de un país". Cine-forum presentado y coordinado por Carlos Obando, en Barcelona, España.

16/06/2008 03:12 Autor: Anónimo. leer completo. Tema: Hablemos de Cine.

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